Esto es lo que bebes cuando bebes agua con sabor a fruta

La publicidad las presenta como una sana y refrescante mezcla de agua mineral y jugo de frutas. Las aguas aromatizadas aparecieron hace años en mercados como el británico, donde se puede beber agua del grifo sin problemas de gusto y donde, en cambio, hay una larga tradición de comprar refrescos. En España llegaron mucho más tarde, pero poco a poco han conseguido un puesto en un mercado muy competitivo. De hecho, las únicas bebidas que incrementaron las ventas de forma notable durante los años más duros de la crisis económica fueron las aguas con sabores.

El de las aguas aromatizadas es un ejemplo claro de la importancia del marketing para conseguir vender un producto que, a priori, no parece especialmente interesante. La gente que quiere beber agua mineral tiene decenas de marcas para elegir. Aquellos a los que les gustan los refrescos también tienen las opciones cubiertas. Pero los anuncios muestran las aguas con sabores como aguas con un poco de fruta. Más interesantes que un simple vaso de agua. Y más sanas que un refresco. Las marcas -en muchos casos las mismas que las de aguas minerales- y el tipo de envase hacen que las asociamos al agua mineral, no a un refresco. Además, los nombres comerciales ayudan a crear una sensación de producto natural, sencillo, sano, ligero. ¿Lo es realmente?

Agua con un chorrito de limón, de piña, de manzana … Esto es lo que nos muestra la publicidad, y lo que vemos de manera inconsciente. Comprar es un acto sabor frutaemocional, de forma que la única forma de saber qué es lo que realmente estamos comprando es no hacer caso de las marcas, las imágenes, los colores, los logotipos … y leer con atención la etiqueta. Lo que parece agua con zumo de fruta es, exactamente, agua, jarabe de azúcar, correctores de acidez, aceite vegetal, antioxidantes, ácido ascórbico, estabilizantes, colorantes, aromas y extractos. También contienen jugo, ciertamente, pero procedente de concentrados. La proporción de zumo oscila entre el 10% y el 1% del producto, según la variedad. Con estos ingredientes las marcas consiguen vender el producto a un precio que, en promedio, es el doble que el agua mineral.

La lectura de los ingredientes, sin embargo, no explica por sí misma el principal problema de las aguas con sabores, que no es otro que la cantidad de azúcar que contienen: unos 8 gramos por 100 ml. Hay que tener presente que, aunque inconscientemente, la tomamos como si fuera agua, hay quien puede tener una botella en la mesa de la oficina e ir bebiendo a lo largo de la jornada laboral, confiado pensando que está bebiendo un producto sano. Si al terminar la jornada se ha bebido toda la botella (se recomienda beber al menos 1,5 litros de agua al día) habrá ingerido entre 80 y 100 gramos de azúcar. Prácticamente lo mismo que si hubiera bebido un litro de Coca-Cola normal. La cantidad de azúcar varía mucho en función de las marcas y las variedades pero, en algunos casos, una botella pequeña tiene el mismo azúcar que un Kit-Kat.

Para poner las cosas en perspectiva, hay que tener presente que la Organización Mundial de la Salud aconseja no sobrepasar el límite de 25 gramos de azúcar por persona al día. Y que el azúcar está presente en todo tipo de productos, desde los cereales hasta el pan pasando por la mayonesa o la salsa de tomate. Esto ha hecho que los expertos en nutrición hayan dado la voz de alarma y hayan advertido de la contradicción que supone que el descenso en el número de refrescos que se consumen haya coincidido con un notable aumento de las ventas de las aguas con sabores. Creen que una publicidad que, sin ser estrictamente engañosa, confunde el consumidor ha hecho que muchas personas hayan cambiado los refrescos por estas aguas con la creencia de que estaban eligiendo una opción más saludable, cuando en realidad están bebiendo agua con una bomba de azúcar escondida en el su interior.

La buena noticia para los que consumen aguas con sabores pero no quieren ingerir tanto de azúcar es que hay una alternativa natural, sana, y económica: añadir una rodaja de limón (o de cualquier fruta que nos guste) en el agua mineral. Más fácil imposible.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *